El trabajo no distingue edades ni estaciones del año, en verano el calor y el sol hace difícil la tarea y en invierno no hay bufandas que protejan a estos trabajadores de las bajas temperaturas.
Recorriendo las calles nos encontramos con los más variados productos, algunos que tienen éxito se repiten en varios puestos, otros más innovadores exponen artesanías y accesorios femeninos para todos los gustos. Hippies sentados en las veredas, niños en las esquinas con globos o porta celulares, diarieros y finalmente la zona del Pasaje Castro donde se instaló lo que hoy se podría llamar el “shoping santiagueño”.
Pese a toda legislación estas personas están en la vía pública buscando una fuente de trabajo, sin pagar alquileres o personal. Muchos podríamos decir que la explicación es que en Santiago las leyes nunca se cumplen, pero también hay que tener en cuenta que si estas personas no hicieran lo que hacen no podrían dar de comer a sus hijos.

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