jueves, 4 de octubre de 2007

INTERESANTE

La salud de los santiagueños, inmersa en una densa humareda

Santiago del Estero es la principal provincia productora de carbón, concentrando aproximadamente la mitad del total nacional. La actividad se localiza principalmente en la región oriental, en los departamentos Copo, Alberdi, Moreno, Juan F. Ibarra, General Taboada y Belgrano. Sin embargo en la Ciudad Capital, la producción de carbón y ladrillos, es un problema que tiene por principales damnificados a los habitantes de varios barrios capitalinos.

Centenares de hornos de carbón y ladrillo funcionan en la actualidad en la capital santiagueña. Los vecinos de los barrios Vinalar, Mariano Moreno, Smata y Autonomía son los principales perjudicados. Las densas humaredas que envuelven la cotidianeidad de estos santiagueños es sólo una parte del problema, ya que lo que no se percibe a simple vista es lo que realmente afecta a las personas.

Un grave problema

En lo que a la producción de carbón se refiere, el riesgo de contraer cáncer durante una vida, como producto de exposición a humos de madera, puede ser 12 veces mayor que el riesgo de cáncer por exposición a un mismo nivel de humos de cigarrillo. Los humos contienen pequeñas partículas que no son detenidas por puertas o ventanas y se diseminan en los vecindarios. El gas producido por la carbonización tiene un elevado contenido de monóxido de carbono, venenoso cuando se lo respira. Los alquitranes y el humo producidos por la carbonización no son directamente venenosos pero pueden tener efectos perjudiciales a largo plazo sobre el sistema respiratorio. Por otro lado los alquitranes de la madera y el ácido piroleñoso pueden irritar la piel y los alquitranes y licores piroleñosos contaminan gravemente cursos de agua.

Los hornos y fábricas de ladrillo en la ciudad capital son también motivo de preocupación para las personas que se encuentran en las cercanías de los mismos ya que generan mucho humo y, esta certificado, son tóxicos.

Muchos son los reclamos que por este tema recibe diariamente la Defensoría del Pueblo de la ciudad, y muchas son las incógnitas a cerca de cual será la medida definitiva que se tomará con respecto al tema. Esta problemática no es nueva, vecinos de diversos barrios llevan años de lucha y quejas desoídas, con la familiar impotencia de tener legislación que resguarde su derecho a la salud, y sin embargo vivir en condiciones tan negativas.

Un problema de vieja data

La ley N° 6.321 de Medio Ambiente legisla entre otros puntos, acerca de la atmósfera. Siguiendo la misma línea, el 13 de Agosto del 2004 se dictó la resolución N° 477 en Santiago del Estero. Esto atiende a las denuncias formuladas por los ciudadanos de Barrios Autonomía, Vinalar, Bruno Volta, Santa Rosa y Ruta, entre otros y aledaños, sobre la existencia de humo y anhídrido carbónico de forma permanente por la quema de hornos de carbón en sectores periféricos. Se resuelve así, un límite o jurisdicción a partir del ejido urbano o municipal a 5.000 metros de distancia como mínimo, donde cualquier persona deberá solicitar la autorización para la instalación de cualquier actividad, de producción y de servicios y que pudiera afectar al medio ambiente. También se prohíbe la quema de leña de hornos de carbón dentro del radio establecido, bajo apercibimiento de solicitar su destrucción y confiscación al juez pertinente.

En muchos lugares del interior ya fueron tomadas drásticas medidas, como el desplazamiento de la totalidad de los hornos de carbón que se encontraban en la Localidad de Garza. Graves conflictos tienen lugar en Suncho Corral y en Añatuya, mientras que en la Capital se está analizando un estudio elaborado por la Universidad Nacional de Santiago del Estero y haciendo trabajo de campo en las zonas afectadas. Autoridades provinciales y municipales se encuentran estudiando posibles soluciones pero se pretende que para el 2008 los hornos de carbón y ladrillo estén erradicados de las zonas cercanas a los ejidos urbanos.

La situación presenta un claro panorama de contaminación y amenaza a la salud de las personas, pero por otro lado tiene la contracara de todas aquellas familias que subsisten gracias al trabajo que de esta actividad se desprende. La negativa de los trabajadores a perder su fuente de ingreso y las posibles complicaciones que aparejan el traslado de los hornos, son un fuerte obstáculo para una pronta resolución. Finalmente no hay que hacer la vista gorda a la cantidad de niños que se atienden diariamente en las Upas barriales con problemas respiratorios, fuertemente vinculados con esta problemática, y a los aproximadamente 700 pequeños hornos de subsistencia familiar, que se suman a los ya mencionados, contaminando el aire, la salud y las napas de agua de los Barrios Bosco I, II y III.

PILAR ABALOS

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